Reflexiones

Sobre las fantasías y la romantización

Sobre las fantasías y la romantización

Hace unos días recibí una pequeña “carta” bastante adorable en CuriousCat – ese infame lugar de donde solo saco trolls y timewasters, pero donde, por alguna razón, sigo residiendo habitualmente. Esta carta, que estoy firmemente convencida viene de un lugar de admiración y deseo, me hizo sentir incómoda casi inmediatamente. He estado dándole vueltas desde entonces a cómo responder, qué decir y cómo decirlo y finalmente, decidí que una entrada de blog era lo más adecuado.

“Estoy que estoy, que me cruzo el charco para irte a ver solo a vos, y traerte a mis montes, abrigarte a abrazos en mis paramos, refrescarte a besos en mis rios de selva brava, lamerte de pies a cabeza con la lengua de mis olas tropicales, comerte la entrada a tus profundidades, calentandote como lava, que tiembles como mi tierra cuando se activa un volcan, y que sin poder esperar mas te derrames de placer gritando como grita la tierra cuando los montes se enojan, que despues de ese desastre delicioso venga la calma, apoyes tu cabeza en mi pecho y duermas como lo hacen mis motañas despues de bramar lo que tenian que bramar. 

Si me lanzo al mar para irte a buscar, estaras aguardando en las playas del Mediterraneo con los pies en el agua que una ola, una bien fuerte, una con fuerza de cordillera te avise que soy yo, y que llegado?”

A primera vista no parece que haya nada negativo, ¿no? Simplemente describe un encuentro y manifiesta su deseo por encontrarme pronto, esperándole a orillas del Mediterráneo. Podríamos empezar por aquí, ya que creo que es una analogía perfecta para empezar a desgranar mi incomodidad: yo no soy una chica del Mediterráneo. Soy una chica del norte, del Atlántico. Yo no espero a las orillas del mar, ni me baño en sus cálidas aguas: me gustan los acantilados y pelarme de frío cuando entro a bañarme. Huyo de las corrientes dulces y me gustan las olas salvajes.

Por otra parte, tenemos la descripción del acto sexual en si. A veces me pregunto si no soy suficientemente clara en mi marketing y branding, si estoy enviando un mensaje confuso. En momentos como la recepción de este mensaje, me lo pregunto más todavía. Así que voy a decir las cosas claramente, porque creo que la comunicación es vital en el sexo, sea de pago o no, y porque creo que esto va a facilitaros a vosotrxs, posibles clientxs, decidir si encajo con vosotros o no antes de empezar a idealizarme pintando un cuadro inexistente en vuestra cabeza.

Me gusta más dar placer que recibirlo. No me gusta estar debajo de la gente, físicamente, y el cunnilingus no es, ni de lejos, mi práctica favorita. Me gusta más practicar el oral a otras personas que recibirlo. Me gusta estar encima, me gusta la penetración, y me gusta correrme cuando a mí me parece bien. Soy activa y dominante, y no llevo bien estar tirada de espaldas. Me gusta más la estimulación vaginal que clitoriana, así que el cunnilingus tiene que estar muy bien hecho e incluir estimulación interna para que realmente lo disfrute.

Ahora que hemos aclarado esto, y que ya no puede haber dudas al respecto de mis inclinaciones en la cama, me diréis: Pero Salem, esta persona claramente sólo te está describiendo una fantasía en su cabeza, ¿a qué viene tanto lío?

Viene a que, a pesar de que vendo fantasías, no vendo las vuestras: vendo las mías. Yo no puedo plegarme a una fantasía totalmente contraria a mi en la que soy un receptor pasivo de un acto que ni me va ni me viene demasiado y en el que termino, de entre todas las cosas, durmiendo encima de alguien. No me malinterpretéis: cualquiera que haya estado conmigo sabe que soy juguetona y me encantan los mimos y los cariños (y que me acaricien la espalda): pero no me quedo dormida después de correrme. Después de un orgasmo, normalmente estoy lista para correr una maratón, subir al Himalaya e irme de compras tres horas seguidas.

Así que cuando recibí esta bien intencionada carta, supe que jamás podría cumplir la fantasía que se estaba proyectando sobre mí: una chica que espera a su hombre a las orillas de un mar que no es el mío, con un comportamiento que no se parece a mí, y terminando de una manera que me resulta completamente extraña. Acepto mi parte de culpa: tal vez no he sido suficientemente clara al transmitir mi imagen y mi mensaje, tal vez he podido confundir a algunos lectores y posibles clientes.

Pero también os digo, una vez más, que investiguéis a los objetos de vuestro deseo. Que si deseáis contratar nuestros servicios, busquéis y leáis y halléis a una persona que encaje con lo que estáis buscando. Yo no puedo pasarme una cita entera mirándoos a los ojos mientras hablamos de poesía, porque esa no soy yo. Yo puedo echaros el polvo de vuestra vida, dejaros exhaustos, y podemos discutir sobre ordenanzas civiles, la historia del uso del pigmento azul, o por qué el uso de flash quedó obsoleto en la creación de páginas web. Podemos comer fuera, y jugar bajo la mesa, y hacer un millón de cosas: pero yo no soy una GFE amorosa, adorable y pasiva. Soy Salem, soy dura, soy activa y apasionada casi hasta la violencia. Y si no es eso lo que estáis buscando… Os recomiendo que dejéis de pedirnos a las chicas del Atlántico que os esperemos a orillas del Mediterráneo.

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